En piscinas, duchas exteriores, spas y zonas húmedas, el pavimento no puede elegirse únicamente por estética, sino que también debe garantizar la seguridad al caminar descalzo y sobre superficies mojadas o húmedas.
El porcelánico es ideal para estos entornos por su baja absorción, resistencia mecánica y versatilidad estética. Sin embargo, para que realmente se comporte como queremos, su superficie debe estar diseñada y validada específicamente para este uso.
Detrás de un suelo seguro hay decisiones que no siempre se ven, pero que determinan su nivel de resbaladicidad y su comportamiento real durante el uso.
En este artículo hablamos de…
La resbaladicidad, el término técnico utilizado para hablar de la resistencia al deslizamiento de un suelo.
En piscinas y zonas húmedas, el pavimento debe responder al tránsito con agua, al uso descalzo y a condiciones de limpieza exigentes.
El CTE DB-SUA exige Clase 3 para zonas exteriores, piscinas y duchas, así como para el fondo del vaso en determinadas profundidades y para el andén o playa de piscina.
En porcelánico, el antideslizamiento no depende de un único factor: intervienen textura, microrelieve, esmalte, granillas, protecciones y método de aplicación.
El reto industrial está en conseguir una superficie segura, estética, fácil de mantener y estable.
Qué es la resbaladicidad en suelos porcelánicos
La resbaladicidad es la propiedad que define la resistencia de una superficie al deslizamiento durante el tránsito peatonal. En pavimentos cerámicos, este concepto se utiliza para valorar hasta qué punto un suelo puede reducir el riesgo de resbalón en función de su uso, ubicación y condiciones de exposición.
En el caso de los suelos porcelánicos, la resbaladicidad depende de varios factores:
La textura superficial.
El microrelieve.
El tipo de esmalte o protección.
La granulometría aplicada.
La presencia de agua, humedad o agentes externos.
La pendiente del pavimento.
El tipo de tránsito: calzado o descalzo.
El mantenimiento previsto.
En una piscina, estas variables tienen todavía más peso. El usuario suele caminar descalzo, el agua está presente de forma continua y pueden aparecer sobre la superficie restos de cremas solares, sales, productos de limpieza o materia orgánica.
Por eso, un suelo porcelánico para piscina no debe evaluarse solo en seco ni únicamente por su apariencia. Debe entenderse como una superficie técnica, pensada para trabajar en condiciones reales de uso.