Cómo se mide la actividad antibacteriana
La eficacia debe evaluarse mediante un método relacionado con la tecnología utilizada y con el tipo de superficie.
ISO 22196 para superficies no porosas tratadas
La ISO 22196:2011 establece un método para evaluar la actividad antibacteriana de plásticos tratados y otras superficies no porosas. Su alcance excluye los materiales fotocatalíticos y también establece consideraciones específicas para los materiales de construcción, por lo que la adecuación del método al producto debe confirmarse con el laboratorio responsable. La norma fue revisada y confirmada en 2026, de modo que la edición de 2011 continúa siendo la versión publicada vigente.
El ensayo compara la evolución de las bacterias sobre una muestra tratada y una superficie de control durante unas condiciones establecidas. El resultado se expresa mediante un valor de actividad o una reducción calculada a partir de los recuentos bacterianos.
ISO 27447 para materiales fotocatalíticos
Las superficies fotocatalíticas requieren una evaluación específica. La ISO 27447:2019 determina la actividad antibacteriana de materiales semiconductores bajo irradiación ultravioleta y no evalúa otras prestaciones, como la actividad antiviral, la autolimpieza o la purificación del aire. La edición de 2019 sigue publicada, aunque actualmente existe una revisión en desarrollo.
Utilizar normas diferentes implica trabajar con condiciones distintas. Por tanto, no es correcto comparar directamente un porcentaje obtenido mediante ISO 22196 con otro procedente de un ensayo fotocatalítico bajo irradiación.
Qué significa una reducción del 99,9 %
Una reducción del 99,9 % equivale a una disminución de tres órdenes logarítmicos respecto a la referencia utilizada en el ensayo. Sin embargo, el porcentaje aislado no explica por completo la prestación.
Para interpretarlo correctamente deben indicarse:
Las bacterias analizadas.
El tiempo de contacto.
Las condiciones de temperatura y humedad.
La presencia y el tipo de irradiación.
La muestra utilizada como control.
El método de cálculo.
El laboratorio que realizó el ensayo.
La declaración debe limitarse a lo demostrado. Un resultado frente a dos bacterias no acredita por sí solo una actividad general frente a virus, hongos u otros microorganismos.
Ensayar la pieza terminada
La materia prima puede presentar actividad antes de incorporarse al esmalte y perder parte de ella durante la cocción. También puede suceder lo contrario: la combinación entre formulación y tratamiento térmico puede favorecer la aparición de la fase funcional.
Por eso, la evaluación debe realizarse sobre una muestra representativa del producto que llegará al mercado y después de las etapas que puedan modificar su superficie:
Del laboratorio a la línea industrial
El desarrollo comienza definiendo qué funcionalidad necesita el fabricante. Debemos conocer el tipo de producto, su uso previsto, el acabado, los microorganismos frente a los que se evaluará y las prestaciones que deben mantenerse.
A partir de ahí, formulamos distintas alternativas y analizamos su comportamiento cerámico. Las pruebas iniciales permiten comparar concentraciones, sistemas de incorporación, ciclos de cocción y acabados.
La mejor formulación no es necesariamente la que obtiene el porcentaje más alto en una primera muestra. Debe reunir cuatro condiciones:
Actividad demostrable.
Compatibilidad con el proceso.
Estabilidad estética y técnica.
Capacidad de reproducirse industrialmente.
El escalado en fábrica permite verificar la estabilidad de la suspensión, el gramaje, la homogeneidad de aplicación, la respuesta del horno y la variación entre piezas. La literatura técnica confirma que trasladar un vidriado antibacteriano a un horno industrial puede aumentar la variabilidad debido a las diferencias reales de los ciclos térmicos.
Una vez estabilizado el desarrollo, deben documentarse los parámetros críticos: dosificación, densidad, viscosidad, gramaje, curva térmica, acabado y controles sobre la pieza cocida.
Qué puede reducir la eficacia con el tiempo
La validación inicial no garantiza por sí sola que la prestación permanezca intacta durante toda la vida útil.
Los cambios de materias primas, las desviaciones de aplicación y las variaciones de cocción pueden modificar la presencia del agente activo en la superficie. El pulido, la abrasión o determinados tratamientos también pueden retirar o transformar la capa funcional.
Además, la suciedad y los residuos de productos de mantenimiento pueden dificultar el contacto entre las bacterias y la superficie activa. Por ello, las instrucciones de uso y limpieza deben ser compatibles con la tecnología empleada.
Cuando el uso previsto lo exija, conviene evaluar la actividad después de ensayos de abrasión, envejecimiento, resistencia química o ciclos repetidos de limpieza. Las investigaciones industriales más recientes ya incorporan este tipo de comprobaciones para determinar si la actividad se mantiene más allá de la muestra recién fabricada.
Aplicaciones de la cerámica antibacteriana
Esta funcionalidad puede aportar valor en espacios sanitarios, residencias, laboratorios, centros educativos, instalaciones deportivas, cocinas profesionales y otras zonas de uso colectivo.
En cada aplicación cambian las exigencias. Un pavimento para una zona de alto tránsito debe combinar actividad antibacteriana con resistencia al desgaste y seguridad de uso. Un revestimiento sanitario necesita soportar limpiezas frecuentes y productos químicos. En una superficie doméstica, la funcionalidad debe convivir con la estética, la facilidad de mantenimiento y una comunicación clara para el usuario.
La aplicación final debe formar parte de la definición del producto desde el principio. No existe una única formulación válida para cualquier soporte, acabado o condición de uso.
Qué debe valorar el fabricante antes del lanzamiento
Antes de comercializar una colección como antibacteriana, el fabricante debe comprobar que existe coherencia entre la formulación, el producto ensayado y el mensaje que llegará al mercado.
En la Unión Europea, los artículos tratados con productos biocidas o que los incorporan deliberadamente están sujetos al Reglamento sobre productos biocidas. Las sustancias activas deben estar aprobadas o incluidas en los procedimientos correspondientes para el uso previsto. Además, cuando se afirma que el artículo posee propiedades biocidas, pueden aplicarse obligaciones específicas de etiquetado e información.
Este análisis debe realizarse con especialistas regulatorios. Desde el colorificio, nuestra responsabilidad se centra en aportar información técnica sobre la formulación, colaborar en la validación y garantizar que el producto industrial se corresponda con las muestras evaluadas.
En Kerafrit entendemos este desarrollo como un trabajo compartido con los equipos de I+D, producto y producción del fabricante. Formulamos soluciones adaptadas, analizamos su interacción con el sistema cerámico y acompañamos las pruebas hasta definir una ventana de trabajo estable. Este enfoque responde a nuestro posicionamiento como partner técnico, basado en diseñar soluciones y avanzar junto al cliente durante todo el proceso.
Desarrollar una cerámica antibacteriana exige alinear formulación, cocción, validación y comunicación. Cuando todos estos elementos se trabajan conjuntamente, la funcionalidad deja de ser una promesa añadida y se convierte en una prestación real, medible y reproducible.
¿Quieres incorporar actividad antibacteriana a una colección o revisar una formulación existente? En Kerafrit estudiamos el sistema cerámico completo y te acompañamos desde el desarrollo del esmalte hasta su validación industrial.